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martes, 26 de julio de 2011

LA MUY SANTA TRINOSOFIA

LA MUY SANTA TRINOSOFIA
Conde de Saint Germain

Era de noche, la luna oculta por las nubes sombrías no emitía más que un brillo incierto sobre los bloques de lava que rodean el cráter (de volcán apagado). La cabeza cubierta por un velo de lino, sosteniendo en mis manos el ramo de oro, me dirigí sin temor al lugar donde yo rabia recibido la orden de pasar la noche. Errando sobre una arena quemante, la sentía por momentos ablandarse bajo mis pies; las nubes se amontonaban sobre mi cabeza; el rayo surcaba la neblina, y daba un matiz sangrante a las llamas del volcán... Finalmente, llegué, encuentro un altar de fierro, coloco en él la rama misteriosa..., pronuncio las temidas palabras....

En el mismo momento la tierra tiembla bajo mis pies, el trueno estalla...., los rugidos del Vesubio responden a sus golpes redoblados; sus fuegos se unen, a los fuegos del rayo... Los coros de los genios se elevan en los aires y hacen repetir a los ecos alabanzas del Creador.... La rama consagrada que yo había colocado sobre el altar triangular se enciende; de repente un humo espeso me rodea, dejo de ver. Hundido en las tinieblas, creí descender a un abismo. Ignoro cuanto tiempo permanecí en esta situación, pero abriendo los ojos, buscaba vehemente los objetos que me rodeaban algunos instantes antes.

El altar, el Vesubio, la campiña de Nápoles habían escapado lejos de mis ojos, yo estaba en un amplio subterráneo, solo, alejado del mundo entero... Cerca mío había una vestidura larga, blanca; su tejido sin mucha trama me parecía compuesto de hilo de lino; sobre una mesa de granito estaba colocada una lámpara de cobre; encima, una mesa negra cargada de caracteres griegos me indicaban el camino que debía seguir. Tome la lámpara y, luego de haberme puesto la túnica, me dirigí por un camino estrecho cuyas paredes estaban revestidas de mármol negro....

Tenia tres millas de largo; mis pasos repercutían de una manera aterrante bajo las cúpulas silenciosas (de la caverna); finalmente encontré una puerta; ella conducía a unas gradas, las descendí. Luego de haber marchado por mucho tiempo, creí percibir una luz errante delante mío; oculte mí lámpara; fije mis ojos sobre los objetos que entreveía; se disipo, se desvaneció, como una sombra.

Sin reproches sobre el pasado, sin temores sobre el futuro, continué mi ruta; la cual se volvía cada vez más penosa.... Metido siempre dentro de estas galerías compuestas de bloques de piedra negra.... no me atrevía a fijar el término de mi viaje subterráneo.

Finalmente, después de una larga marcha, llegue a una plaza cuadrada; una puerta se abría al medio de cada una de las cuatro caras; tenia cuatro colores diferentes, y cada una estaba colocada en uno de los cuatro puntos cardinales. Entre por la septentrional; era negra.

Aquella que se encontraba al frente era roja; la puerta del oriente era azul; aquella que estaba al lado opuesto, era de un blanco brillante.... En el centro de la sala estaba una maza cuadrada; una estrella de cristal brillaba al medio.

Se veía una pintura en la cara septentrional; representaba a una mujer desnuda hasta la cintura, una tele negra le caía sobre las rodillas, dos bandas de plata adornaban su vestido; en su mano tenia una varita; que ella colocaba sobre la frente de un hombre colocado frente a ella. Una, mesa que tenia un solo píe estaba entre ellos; sobre la mesa estaba una copa y una punta de lanza.

Repentinamente una llama se elevo de la tierra y pareció dirigirse al hombre. Una inscripción explica el motivo de la pintura; otra me indicaba los medios que yo debía emplear para salir de esa sala.

Quería retirarme luego de haber estudiado el cuadro y la estrella. Iba a entrar en la puerta roja, cuando, volteando sobre sus goznes con un ruido espantoso, se cerró delante mío.

Quise tentar la misma suerte sobre la, que estaba pintada de color cielo, ella no se cerro, pero un ruido repentino me hizo dar vuelta la cabeza; ví la estrella agitarse, se desprende de su lugar, rueda y se introduce rápidamente por la abertura de la puerta blanca. Yo la seguí inmediatamente.




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